Los cambios en la estrategia de inversión de Warren Buffett

Andrés Cardenal

Sin lugar a dudas, Warren Buffett es uno de los gestores de capital más exitosos en la historia, y es además fuente de inspiración para los inversores que estamos siempre a la búsqueda de perfeccionar nuestros conocimientos y nuestra capacidad para tomar decisiones inteligentes.

Teniendo esto en cuenta, vale la pena señalar que su estrategia de inversión ha cambiado con los años. En un principio, el magnate se enfocaba en activos cotizando a precios agresivamente bajos, aunque gradualmente modificó su metodología para poner mayor atención en la calidad del negocio.

El peregrinaje intelectual de Warren Buffett. La primera parte de la carrera de Buffett está signada por las lecciones que aprendió de Benjamin Graham, reconocido como el padre de las inversiones de valor por haber tenido una enorme influencia sobre muchos de los más exitosos gestores de activos.

La filosofía de Graham se basa fundamentalmente en comprar activos a precios baratos en comparación con las ganancias o flujos de caja que genera la compañía. La idea principal es que, tarde o temprano, el mercado reconoce que el precio del activo subestima el verdadero valor del negocio. Cuando el precio se alinea con el valor intrínseco, entonces el inversor que compró a precios de oportunidad obtiene ganancias atractivas.

En muchos casos los negocios que cotizan a precios atractivamente bajos son aquellos que enfrentan dificultades o que presentan problemas de diferente tipo. En general, se trata de activos que uno debería comprar únicamente cuando se encuentran subvaluados por el mercado, ya que la calidad de los mismos deja bastante que desear. En estos casos, la valuación de las acciones, y no la calidad del negocio, es el principal atractivo de la operación.

Posteriormente Buffett reconoció que en muchos casos resulta mejor idea pagar un precio más alto por un negocio de calidad. Después de todo, un negocio superior merece una valuación más elevada, por lo tanto, pagar un precio por encima del promedio no necesariamente es una mala inversión cuando la calidad de la compañía así lo amerita.

En palabras de Warren Buffett: “Es mucho mejor comprar un negocio maravilloso a un precio razonable que un negocio razonable a un precio maravilloso”.

Los cambios en la estrategia de inversión del magnate están en buena medida relacionados con la influencia de Charlie Munger, su mano derecha en materia de inversiones, y uno de los más reconocidos expertos en la materia. Durante una conferencia en University of Southern California en el año 1994, Munger explicó está transformación: “Empezamos utilizando los métodos de Graham, los cuales funcionaron bien, pero gradualmente fuimos generando lo que yo llamaría un mejor entendimiento. Nos dimos cuenta de que una compañía cotizando a dos o tres veces su valor de libro (una valuación que a primera vista no parece baja) podía ser un ganga grandiosa debido a la ventaja implícita en esta posición. Nos dimos cuenta de que un negocio podía ser una ganga a pesar de medidas cuantitativas que horrorizarían a Graham, y empezamos a pensar en mejores negocios”.

Calidad y rentabilidad. Una de las señales más claras que podemos encontrar al respecto de la calidad de un negocio es su habilidad para sostener niveles elevados de retorno sobre su capital a largo plazo. Los negocios con ventajas extraordinarias son aquellos que obtienen grandes retornos sobre sus activos o su patrimonio, evitando que la competencia pueda ingresar al mercado y erosionar los márgenes de rentabilidad.

Si la firma genera elevada rentabilidad por cada dólar de capital invertido en el negocio, el patrimonio de los accionistas crece exponencialmente en el tiempo, ya que las ganancias son reinvertidas y vuelven a generar elevados niveles de rentabilidad. Esto permite que la inversión genere retornos atractivos y sostenidos en el tiempo.

En cambio, cuando invertimos en un negocio subvaluado pero de calidad mediocre, debemos liquidar la posición cuando el precio del activo deja de ser conveniente. Esto generalmente tiene implicancias negativas en cuanto a los pagos de impuestos que debe afrontar el inversor. Además, se necesita volver a encontrar otros activos a precios convenientes para invertir ese dinero, lo cual no siempre es sencillo ni exento de riesgos.

Cuando invertimos en negocios de calidad podemos posponer la venta del activo todo lo que sea conveniente, reduciendo así la carga impositiva. En el mismo sentido, el tiempo juega a favor del inversor que se encuentra posicionado en negocios de calidad. Volviendo a las explicaciones de Munger sobre la dinámica entre calidad y rentabilidad: “Ganamos mucho dinero invirtiendo en negocios de alta calidad. En algunos casos, compramos todo el negocio. En otros casos, compramos una cantidad grande de acciones. Pero cuando analizas lo que ha sucedido, el dinero grande lo ganamos en negocios de alta calidad”.

“A largo plazo -continúa Munger-, es difícil que una acción gane mucho más que el retorno del negocio, el cual está reflejado en sus resultados. Si el negocio tiene un retorno del 6% sobre el capital durante 40 años, y tu inviertes en ese negocio durante 40 años, no vas a obtener un retorno muy diferente al 6%, incluso si originalmente lo compras a un descuento enorme. En cambio, si un negocio gana 18% sobre el capital durante 20 o 30 años, incluso si pagas un precio que parece caro, terminas con un retorno infernal”.

*Esta columna fue publicada originalmente en Sala de Inversión.

Autor: Andrés Cardenal

Andres Cardenal es Analista de Sala de Inversión América.